El perdón no consiste en coger el camino
más fácil de mirar hacia otro lado cuando se nos ofende. No equivale a
pasar por alto o guiñarle el ojo a la ofensa, que no es fácil olvidar.
Olvidar es el resultado del perdón total, nunca el medio para llegar a
ello. Decir que la ofensa ha sido olvidada es deshonesto, pues el
resentimiento permanece.
El perdón verdadero es la cosa más dura y
difícil que existe. Según nuestro sentido de justicia la ofensa debe
pagarse, sin embargo, el perdón verdadero repudia la venganza. Sufre en
silencio (Sufrimiento que nos parece inmerecido) Eso le correspondía al
que nos ofendió.
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Todo acto de perdón, humano o divino es
sustitutivo. (Vicario)
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Jesucristo se ofreció como sustituto
nuestro (llevando nuestras culpas) El pecado fue contra Dios.
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Dios no podía echar a un lado o pasar
por alto nuestro pecado.
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El
pecado duele. La cruz es muestra de lo doloroso que es.
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Dios pudo haber redimido con un milagro
resonante. Tenía el poder para hacerlo, pero prefirió cruz, espinas,
clavos, heridas.
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Eligió este método como el único
adecuado para resolver los males de este mundo, y lo hizo para
perdonarnos.
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No
necesitamos más que este ejemplo. Él, no solo es nuestro perdonador; El
es nuestro perdón.
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Nuestro Dios tomó con tanta seriedad
nuestra condición perdida que fue hasta el calvario a fin de ofrecerse
como sustituto nuestro y morir en nuestro lugar, pagando el precio de
esa deuda tan inmensa.
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La cruz demuestra lo caro que le
resultó a Dios el perdonar.
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La justicia del mundo dice que el
pecador carga con su propia culpa. Sin embargo, cuando hay perdón, el
ofendido absuelve al ofensor.
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Eso es lo que Dios hizo mediante Cristo
en el calvario. Lo sometió a muerte por todos los hombres. (Heb. 2:9)
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Es por eso que el perdón de Dios es lo
más costoso que hay.
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El precio es bien alto, por eso Pablo
dice que así como Cristo los perdonó, así hagan ustedes.
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Debemos
afrontar el costo del perdón tal como lo hizo Dios en nuestro caso.
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Resulta difícil y costoso, pues
requiere esa sustitución.
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Debemos
perdonar completamente, o sea, absolutamente todo. Hasta las heridas que
más duelen.No hay excepciones, 70 veces 7.