La Operación

Mientras almorzaba con un grupo de personas, me puse a hablar con un cirujano, un hombre muy importante.

-Doctor -le pregunté, -¿cuál ha sido la operación más grande que ha realizado?

-Pues, no lo sé. Muchas operaciones han requerido todas mis habilidades. Tal vez, la que ha significado más para mí fue la que hice a una niñita que tenía sólo diez por ciento de probabilidades de sobrevivir. ¡Era tan dulce y estaba tan pálida cuando la trajeron a la sala de operaciones! En ese momento, yo mismo estaba pasando por una situación delicada. Un hijo mío era un verdadero problema y había otras cosas también. Eso me había hecho un hombre infeliz. Mientras las enfermeras preparaban la anestesia, la pequeña me dijo:

-Doctor, ¿puedo decirle algo?
-Sí, cariño -le contesté-. ¿Qué?
-Bueno -me dijo, -todas las noches cuando me acuesto digo mis oraciones y me gustaría hacer una ahora.
-Está muy bien, querida. Por favor, haz tu oración. Y piensa en mí también, ¿quieres?

Con voz muy dulce la niña oró:

Jesús, dulce Pastor, escúchame,
bendice a tu ovejita esta noche;
en la oscuridad, quédate cerca de mí.
Guárdame a salvo hasta que amanezca.
Y, querido Dios, bendice al doctor.

Luego, agregó animada: -Ya estoy lista. No tengo miedo porque Jesús me ama. El está aquí conmigo y todo va a salir bien.

-Yo estaba llorando –confesó el cirujano-. Tuve que darme vuelta para ocuparme en algo; me fui a lavar las manos de nuevo, antes de poder empezar con la operación. Y dije: -Querido Dios, si nunca me ayudaras a salvar a otro ser humano, ayúdame a salvar a esta niña.

La operé y sucedió un milagro. ¡Ella vive! Al salir del hospital aquel día, comprendí que era yo quien había sido operado, no la niña. Con ella aprendí que si coloco mis problemas en las manos de Jesús, El me ayudará a resolverlos.

Por: Norman Vincent Peale

Jesús guardó Silencio

 

Aún no llego a comprender cómo ocurrió, si fue real o fue un sueño. Sólo recuerdo que ya era tarde y estaba en mi sofá preferido con un libro en la mano. El cansancio me fue venciendo y empecé a cabecear...

Me encontré en aquel inmenso salón con una pared llena de tarjeteros, como en las grandes bibliotecas. Al acercarme, me llamó la atención uno título: "Muchachas que me han gustado". Lo abrí y empecé a pasar las fichas.Tuve que detenerme; recordaba el nombre de cada una de ellas: ¡eran de las muchachas que me habían gustado!

Ese inmenso salón, con sus ficheros, era un crudo catálogo de toda mi existencia. Estaban escritas las acciones de cada momento de mi vida, hasta detalles que había olvidado. Un sentimiento de expectación, curiosidad e intriga empezó a recorrerme mientras abría los ficheros al azar para explorar su contenido. Algunos me trajeron alegría y otros, por el contrario, un sentimiento de vergüenza y culpa tan intensos que me volví para ver si alguien me observaba.

El archivo "Amigos" estaba al lado de "Amigos que traicioné" y "Amigos que abandoné cuando más me necesitaban".

Los títulos iban de lo mundano a lo ridículo. "Libros que he leído", "Mentiras que he dicho", "Consuelo que he dado", "Chistes que conté", Peleas con mis hermanos", "Cosas hechas cuando estaba molesto", "Murmuraciones cuando me reprendían de niño", "Videos que he visto"...

Estaba atónito del volumen de información que había acumulado en esos ficheros. ¿Sería posible que hubiera tenido el tiempo de escribir cada una de esas millones de tarjetas? Pero cada tarjeta confirmaba la verdad. Cada una escrita con mi letra, cada una llevaba mi firma.

Cuando vi el archivo "Canciones que he escuchado" quedé atónito al descubrir que tenía más de tres cuadras de profundidad y, ni aún así, vi su fin. Me sentí avergonzado, no por la calidad de la música, sino por la gran cantidad de tiempo que demostraba que había perdido.

Cuando llegué al archivo: "Pensamientos" un escalofrío recorrió mi cuerpo. Sólo abrí el cajón unos centímetros.. Me avergonzaría conocer su tamaño. Saqué una ficha al azar y me conmoví por su contenido. Me sentí asqueado al constatar que "ese momento" escondido en la oscuridad, había quedado registrado... No necesitaba ver más...

Un instinto animal afloró en mí. Un pensamiento dominaba mi mente: Nadie debe ver estas tarjetas jamás. ¡Tengo que destruirlas! En un frenesí arranqué un cajón, tenía que vacíar y quemar su contenido. Pero descubrí que no podía siquiera desglosar una sola tarjeta del cajón. Me desesperé y traté de tirar con más fuerza, sólo para descubrir que eran más duras que el acero. Vencido e indefenso, devolví el cajón a su lugar. Apoyando mi cabeza al interminable archivo, testigo de mis miserias, empecé a llorar. En eso, el título de un cajón pareció aliviar en algo mi situación: "Personas a las que les he compartido del amor de Jesús". La manija brillaba, al abrirlo encontré menos de 10 tarjetas. Las lágrimas volvieron a brotar de mis ojos. Lloraba tan profundo que no podía respirar. Caí de rodillas al suelo llorando amargamente de vergüenza. Un pensamiento cruzaba mi mente: Nadie debe entrar a este salón, necesito encontrar la llave y cerrarlo para siempre.

Mientras me limpiaba las lágrimas, lo vi. ¡Oh no!, ¡por favor no!, ¡Él no!, ¡cualquiera menos Jesús! Impotente, vi cómo Jesús abría los cajones y leía cada una de mis fichas. No soportaría ver su reacción. En ese momento no deseaba encontrarme con su mirada.

Jesús se acercó a los peores archivos. ¿Por qué tiene que leerlos todos? Con tristeza en sus ojos, buscó mi mirada y yo bajé la cabeza de vergüenza; me llevé las manos al rostro y  empecé a llorar de nuevo. Él se acercó, puso sus manos en mis hombros y no dijo una sola palabra. Allí estaba junto a mí, en silencio. Jesús guardó silencio y lloró conmigo.

Volvió a los archivos y empezó a abrirlos, uno por uno, y en cada tarjeta firmaba su nombre sobre el mío. ¡No! le grité corriendo hacia Él.

Lo único que atiné a decir fue sólo ¡no!, ¡no! cuando le arrebaté la ficha de su mano. Su nombre no tenía por qué estar en esas fichas. No eran sus culpas, ¡eran las mías! Pero allí estaban, escritas en un rojo vivo. Su nombre cubrió el mío, escrito con su propia sangre. Tomó la ficha de mi mano, me miró con una sonrisa triste y siguió firmando las tarjetas.

No entiendo cómo lo hizo tan rápido. Al siguiente instante lo vi cerrar el último archivo y venir a mi lado.Me miró con ternura a los ojos y me dijo: Consumado es, terminado… yo he cargado con tu vergüenza y tu culpa.

En eso salimos juntos del Salón... Salón que aún permanece abierto.... Porque todavía faltán más tarjetas por escribir...

Aún no sé si fue un sueño, una visión, o una realidad... Pero, de lo que sí estoy convencido, es que la próxima vez que Jesús vuelva a ese salón, encontrará más fichas de qué alegrarse, menos tiempo perdido y menos fichas vanas y vergonzosas

Autor Desconocido

El Ladrillazo

Un joven y exitoso ejecutivo paseaba a toda velocidad en su auto Jaguar último modelo, con precaución de no toparse con algún chico que cruzara la calle sin mirar. Al disminuir la velocidad sintió un estruendoso golpe en la puerta; se bajó a mirar y vió que un ladrillo le había estropeado la pintura, carrocería y el cristal de la puerta de su lujoso auto.

Dio un giro y regresó a toda velocidad a donde vio salir el ladrillo que acababa de desgraciar su auto nuevo. Salió de un brinco y agarró por los brazos a un chiquillo, y empujándolo hacia un auto estacionado; le gritó a toda voz: -¿Qué rayos fue eso? ¿Quién eres tú? ¿Qué crees que haces con mi auto? Y enfurecido, casi botando humo, continuó gritándole al chiquillo: -Es un auto nuevo, y ese ladrillo que lanzaste va a costarte caro. ¿Por qué hiciste eso?

-" Lo siento mucho, señor; no sé que hacer", suplicó el chiquillo." Lancé el ladrillo porque nadie se detenía. ”Lágrimas bajaban por sus mejillas.

-"Es mi hermano", le dijo. –“Se viró su sillón de ruedas y se cayó al suelo y no puedo levantarlo". Sollozando, el chiquillo le preguntó  al ejecutivo: -"¿Puede usted, por favor, ayudarme a sentarlo en su silla? Está golpeado, y pesa mucho para mí solito; soy pequeño.”

Impactado por las palabras del chiquillo, el joven tragó el taco que se le formó en su garganta. Emocionado por lo que acababa de pasarle, levantó al muchacho del suelo y lo sentó en la silla sacando su pañuelo para limpiar las cortaduras y el sucio de las heridas del hermano de aquel niño especial. Luego de verificar que se encontraba bien, el chiquillo le dio las gracias con una sonrisa que no se puede describir..
-"DIOS lo bendiga, señor...y muchas gracias.” le dijo.

El hombre vio cómo se alejaba el chiquillo empujando trabajosamente la pesada silla de ruedas de su hermano, hasta llegar a su humilde casita.

El ejecutivo no reparó la puerta del auto. Mantuvo la hendidura que le hizo el ladrillazo para recordarle el que no vaya por la vida tan de prisa que alguien tenga que lanzarle un ladrillo para prestar atención.

DIOS nos susurra en el corazón a través de su Espíritu Santo. Hay ve-ces que tiene que lanzarnos un ladrillo a ver si le prestamos atención.

Escoge: Atiendes el susurro... o el ladrillazo.

Autor Desconocido

Terremoto

Durante un terremoto ocurrido hace varios años, los habitantes de una pequeña ciudad, presos del pánico, corrían de una parte a otra, cuando se apercibieron de una anciana, a quien todos conocían y en cuyo rostro se veía la paz y el sosiego. Desde la puerta de su vivienda parecía sonreir a los espantados que no dejaban de mirarla.

Alguien le preguntó: -Abuela, ¿no tiene usted miedo? A lo que la anciana, una cristiana fiel, contestó:

-No, no tengo miedo... Muy al contrario.  Estaba pensando que mi dicha es muy grande, pues tengo para ayudarme y protegerme a un Dios que, si quiere, puede sacudir el mundo.

"Bienaventurado aquél que puso a Dios por su confianza." Salmo 40:4

Autor desconocido

La Ley del camión de Basura

Me subí a un taxi rumbo a la Estación del tren y llendo por el carril de la derecha por poco nos estrellamos con un carro que así de repente salió como un meteoro de donde estaba estacionado. El conductor del taxi en que iba alcanzó a frenar todo lo que pudo, casi le pegamos al auto que quedó frente a nosotros. Después de ésto, el tipo que casi causó el accidente, asomando la cabeza por la ventana, comenzó a gritarnos una cantidad de insultos horribles.

Todavía recuperándome del susto, lo que acabó de sacarme de mis casillas fue la actitud del chofer de mi taxi, quien en forma extremadamente amistosa y cortés le sonreía y saludaba con la mano al conductor del otro auto como si nada hubiera pasado. Yo estaba furioso y confundido, pero no me quedé con las ganas y le pregunté al taxista que por qué se sonreía y saludaba al tipo que casi nos hizo chocar, arruinar su taxi y posiblemente hasta envi-arnos al hospital. Entonces, el taxista con voz pausada me contó lo que ahora yo llamo "La Ley del Camión de Basura".

Mire, me dijo: ¿Ve aquel camión de basura? -Sí, le contesté -¿y eso qué tiene que ver? -Pues, así como esos camiones de basura, hay muchas personas que van por la vida llenos de basura: frustración, rabia, y decepción. La basura se les va acumulando y necesitan encontrar un lugar donde vaciarla, y si usted los deja, seguramente vaciarían toda la basura en usted. Por eso cuando alguien quiere vaciar su basura en mí, no me lo tomo personal; sino tan sólo sonrío, saludo, le deseo todo el bien del mundo y sigo mi camino. Hágalo usted también y le agradará el haberlo hecho, se lo garantizo.

A partir de ese día comencé a pensar qué tan a menudo permito que estos Camiones de Basura me atropellen; y me pregunto a mí mismo cuán a menudo recojo esa basura y la esparzo a otra gente en casa, en el trabajo o en la calle. Así que me prometí que ya jamás lo iba a permitir. Comencé a ver camiones de basura y así como el niño de la película "El Sexto Sentido" decía que veía a los muertos, bueno ahora así yo veo a los Camiones de Basura. Veo la carga que traen, los veo que me quieren echar encima su basura, sus frustraciones, sus rabias y sus decepciones y tal y como el taxista me lo recomendó, no me lo tomo personal, tan sólo sonrío, saludo, les deseo lo mejor y sigo adelante.

Las personas responsables saben que tienen que estar listos para llegar a su trabajo en el mejor estado de ánimo, y a sus hogares llenos de paz para recibir a sus hijos con besos y abrazos. Deben estar física y mentalmente saludables para aquellos que realmente son importantes. En resumen, la gente exitosa no permite que los Camiones de Basura le trastornen su día y los saque de carrera.

Autor Desconocido

El Hombre de Dios

Nuestro mundo necesita hombres que honren a Dios voluntariamente con sus palabras y con sus hechos.

Si buscas ser un líder, debes comenzar por ser un digno ejemplo para tu familia,  amistades, conocidos y toda la comunidad. Las palabras que usas para instruir a otros no sonarán verdaderas a menos que tú mismo te dispongas a ponerlas en práctica.

¿Eres tú la clase de líder a quien tú estarías dispuesto a seguir? Si contestas en la afirmativa, te felicito. Pero si la contestación a esa pregunta es no, es tiempo entonces de que mejores tus destrezas de liderato, empezando por las palabras que hablas y el ejemplo que estás dando.

La Integridad cuenta

Dice Charles Swindoll, “Nada habla más alto y más poderosamente que una vida íntegra.” Los hombres y las mujeres de Dios así lo consideran.

La integridad se va formando a través de toda la vida. Es la suma de toda decisión correcta y toda palabra honesta. Se forja en el fundamento del trabajo honorable y es pulida por la honestidad y la justicia. Es algo hermoso, difícil de construirse pero muy fácil de quebrarse.

Vivimos en un mundo que se presenta con innumerables tentaciones para alejarnos de Dios. Cuando se confrontan tentaciones de la naturaleza que sea, hay instrucciones muy claras y precisas: “Camina, o mejor… corre, en la dirección opuesta.”

Se ha dicho que carácter es lo que somos cuando nadie nos está mirando. ¡Cuán cierto! Cuando se hacen cosas que uno/a sabe que no son correctas, se trata de ocultarlas de los demás. Pero, aunque se justifiquen delante del mundo, jamás se podrán justificar delante de Dios.

Dios no nos llamó a la ingenuidad sino a la integridad. El concepto bíblico de integridad enfatiza una madurez de inocencia, no una pueril ignorancia. “El que camina en integridad anda confiado.” Prov.10:9

Artículo del Libro: Integrity

La única actitud: El Agradecimiento

Hace unos veinte años estaba pasando por tiempos difíciles. No había podido encontrar un trabajo satisfactorio aún teniendo una maestría. Conducía el autobús de una escuela tratando de llegar a fin de mes. Había pasado por cinco entrevistas y de ninguna recibí llamada. Fui al garaje de autobuses como un zombie, completamente decepcionado.

Ese mismo día, mientras hacía mi ronda a través de un tranquilo barrio, me puse a cavilar. Como un grito primitivo surgió de lo más profundo de mí y pensé. ¿Por qué mi vida ha sido tan dura.?” "Dame una señal", le pedí a Dios ... una señal física - no una voz interior o ese tipo de cosas.”

Detuve el autobús para dejar a una niña en su casa. Ésta, pasando fren-te a mí, me entregó un llavero que había encontrado en el piso por si alguien lo reclamaba. Era de metal negro y decía: “SÉ FELIZ”.

Al principio me enfadó; luego comprendí. Había estado poniendo todas mis energías en lo negativo en mi vida. Decidí hacer una lista de 50 cosas por las que me sentía agradecido. Al principio fué difícil, pero se fue haciendo más fácil. Luego decidí extender la lista a 75. Esa noche recibí una llamada telefónica, era la directora de un gran hospital.

Un año atrás yo había presentado un plan de estudios a un colegio comunitario para enseñar un curso sobre el estrés. (Sí, eso mismo) Ella me preguntó si me gustaría hacer un seminario de un día para 200 trabajadores del hospital. Le dije que sí, y obtuve el trabajo.

Esa experiencia fue excelente. Recibí una gran ovación y muchos días más de trabajo. Hasta el día de hoy SÉ que se debió a que cambió mi actitud; comencé a ser agradecido.

Al día siguiente me encontré a la niña del llavero. Me preguntó si alguien lo había reclamado. Le dije que no y me dijo, "Supongo entonces que era para usted.”  Mi lema desde entonces ha sido:

 “La única actitud que debo asumir siempre es el AGRADECIMIENTO".

“Y  todo lo que hacéis, sea de palabra, ó de hecho, hacedlo todo en el nombre del Señor Jesús, dando gracias á Dios Padre por Él.” Col. 3:23

Por: Davy Jones

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